«Estoy aquí. Con ustedes». Con esas cuatro palabras publicadas en la red social X, María Corina Machado anunciaba lo que millones de venezolanos estábamos esperando: su regreso a Venezuela. El 10 de diciembre de 2025, después de estar en la clandestinidad desde de … agosto, Machado había salido del país, vía Curazao, para ir a Oslo a recibir el Premio Nobel de la Paz. No llegó a tiempo para la ceremonia. Machado había pasado varias horas en la oscuridad, sola en una lancha en medio del mar, hasta que finalmente apareció Brian Stern y su equipo de Grey Bull Rescue para salvarla. Menos de un mes después, Donald Trump autorizó la operación militar en territorio venezolano que condujo a la captura y deportación del dictador Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores. Mucha agua ha corrido desde ese 3 de enero y sería verdaderamente difícil explicarle la situación a un Rip Van Winkle que se acabara de despertar. ¿Cómo hacerle entender que Machado huyó de Venezuela escapando de la dictadura chavista y que solo ahora, después de ocho intentos, ha podido regresar contrariando la voluntad de Trump, que ha colocado a Delcy Rodríguez en el lugar de Maduro y con quien, además, se entiende de maravillas?
Como tantas otras veces en el pasado, María Corina Machado ha sabido mantener el foco de su objetivo principal, que es el regreso de la democracia a Venezuela, a pesar de que los renglones torcidos de la política, el poder y la violencia han hecho lo imposible por hacerla desistir de su recto destino. En un audio difundido en agosto de 2024, poco después de que los venezolanos eligieran a Edmundo González Urrutia como presidente y demostraran con las actas la ilegitimidad de Maduro, Machado afirmó que la nuestra era «una lucha espiritual entre el bien y el mal, y Dios está con nosotros». Solo los venezolanos, independientemente de si somos creyentes o no, podemos entender la verdad de estas palabras. Solo acudiendo a categorías tan abstractas o sublimes como lo divino pueden encajarse estos casi treinta años de dictadura, enmarcados por dos catástrofes naturales como el deslave de Vargas en 1999 y los dos terremotos de 2026 que arrasaron con decenas de miles de vidas, y, además, mantener encendidas la esperanza y la fe en un cambio.
Por ello, con plena conciencia del sentido profundo de esta lucha, María Corina entró a Venezuela por Colombia y desde allí hizo su primera parada en el santuario de La Divina Pastora, en el estado Lara. «La Virgen nos ha hecho un milagro» dijo una mujer, anegada en lágrimas, que se encontraba en la iglesia en ese momento. Desde el occidente del país, por la autopista Regional del Centro, Machado continuó su recorrido de ocho horas pasando por los estados Carabobo y Aragua, acompañada de una multitud de seguidores, hasta llegar a Caracas, donde fue recibida con alegría, lágrimas, gritos de libertad, cantos del himno nacional y mucha, pero mucha devoción. De hecho, llevaba en el cuello el peso de varios rosarios que la gente le puso como ofrenda y también como un símbolo de protección.
La admiración y el respeto que María Corina Machado se ha ganado después de tantos años de resistencia, en los que se ha enfrentado tanto a la dictadura como a los cómplices en la oposición, años en los que literalmente se ha jugado el pellejo en la calle siendo golpeada, amedrentada y perseguida, quedó muy bien reflejada en una de las imágenes más conmovedoras que ha provocado su vuelta a la patria. En uno de los videos del recorrido por la autopista se ve a una pareja que viaja en una moto. El hombre conduce y la mujer, desde atrás, le grita a Machado: «María, si tú volviste, mi hija tiene que volver». Creo que esa frase resume bien lo que María Corina Machado representa hoy para los venezolanos: la posibilidad, el milagro, de poder volver y reencontrarnos.
