Un mensaje al Gobierno nacional
El directivo insistió en que las propuestas discutidas en los encuentros regionales deben traducirse en lineamientos concretos dentro del Plan Nacional de Desarrollo. Para ello, consideró necesario que las necesidades expuestas por los mandatarios departamentales tengan continuidad en la fase de formulación y priorización de proyectos.
También destacó el papel de las próximas mesas técnicas, en las que se espera la participación de organizaciones sociales, sectores económicos y comunidades étnicas. Estos espacios deberán complementar los planteamientos iniciales y contribuir a definir soluciones acordes con las condiciones de cada territorio.
El mensaje al Gobierno nacional es que la planificación no se concentre exclusivamente en las prioridades definidas desde el nivel central. Para Tavera, las regiones deben participar en la identificación de las inversiones y en la definición de las estrategias que orientarán el desarrollo del país.
En el caso del Gran Santander, el reto será lograr que las propuestas sobre vías, conectividad, agua, energía, educación y seguridad alimentaria se incorporen de manera articulada a la planificación nacional. Su ejecución sería determinante para mejorar la competitividad regional, reducir las brechas laborales y aprovechar las capacidades económicas de ambos departamentos.
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Al ser indagado en cómo trabaja la Federación Nacional de departamentos para que las necesidades de los territorios se traduzcan en una agenda concreta de proyectos viales, con compromisos institucionales, recursos definidos y mecanismos de seguimiento, Tavera respondió que la necesidad que tienen hoy las regiones es proyectar las obras de infraestructura como un sistema que conecte producción, servicios y oportunidades.
Una vía terciaria pierde buena parte de su valor si no se articula con la red secundaria, y una carretera departamental resulta insuficiente si no tiene continuidad hacia los grandes corredores nacionales, puertos, aeropuertos o los modos férreo y fluvial.
Por eso, las prioridades deberían ser: recuperar y mantener la infraestructura existente, porque muchas regiones no necesitan solo nuevas vías, sino transitabilidad permanente y resiliencia frente al cambio climático; cerrar los corredores estratégicos que conectan las zonas productivas con los centros de consumo y exportación, y avanzar hacia la intermodalidad, integrando carreteras, ferrocarriles, ríos, aeropuertos y plataformas logísticas.
La viabilidad de dichas iniciativas se fundamenta en la adopción del esquema técnico propuesto por la FND en el Libro Blanco, denominado modelo Bottom-up. Este enfoque transforma el paradigma de estructuración centralista hacia una articulación construida desde las regiones y con sus actores, garantizando una convergencia institucional efectiva que maximice el impacto socioeconómico y consolide las metas de integración nacional.
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