Casi una semana después de los disturbios y el caos, y con una nueva manifestación ya convocada para este sábado, París sigue siendo París. La Torre Eiffel continúa rodeada de cientos de turistas que buscan la pose perfecta. En Notre-Dame, las colas para … entrar siguen llenando la plaza de Jean-Paul. Y, por todos lados, se puede ver a grupos de turistas que siguen como hormiguitas a la hormiga reina (el guía), quien lleva una banderita de color por si alguna se pierde. No importa que llueva: París sigue siendo París, llena de visitantes.
Sin embargo, el ambiente posmanifestación y premanifestación hace que una atmósfera revolucionaria llegue hasta un grupo de japoneses que hacen fotos en los jardines de Luxemburgo mientras cantan La Marsellesa a pleno pulmón. Los titulares de prensa ayudan a ello: «Caos», «Guerrillas», «Revolución»… Y también las pintadas por todos lados. «On écrit l’histoire» («Estamos escribiendo la historia») o «Macron, bâtard!» («Macron, bastardo») se pueden leer sobre Marianne, la estatua que preside la plaza de la República y representa la libertad y los valores democráticos franceses.
Todas estas imágenes de violencia y descontrol han tenido consecuencias directas en el turismo. «Las primeras cancelaciones de turistas están llegando a los hoteles parisinos», advirtió, en declaraciones a la televisión francesa, Franck Delveau, presidente del Sindicato de Oficios e Industrias del Sector Hotelero y de Restauración de Île-de-France, a principios de semana. «Si cada sábado es un caos, va a ser muy difícil para nosotros y para todos los que en el sector luchan por organizarse. Existe el temor de que se repitan los fines de semana de violencia», admitía el presidente del sector hotelero.
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Saint-Exupéry de Créteil
Carlota Pérez
Las organizaciones turísticas han instado al Gobierno a intervenir cuanto antes para proteger establecimientos, negocios y lugares turísticos, apoyar a las empresas afectadas y agilizar las indemnizaciones. Varios hoteles del centro de París, entre la estación del Norte y la del Este, confirmaron a ABC que han tenido bastantes llamadas para cancelar las reservas. Aún no hay números oficiales, pero las estimaciones pueden rondar el 10-15 % solo para este fin de semana. Y es que ha sido el centro de París, principal destino turístico del mundo, el escenario de una gran violencia urbana donde todavía, casi una semana después, se ven ventanas rotas, tiendas saqueadas y vehículos incendiados.
A Margaret y su familia, que han venido de Ámsterdam, los disturbios les sorprendieron recién llegados al alojamiento, en el barrio de Le Marais. «Aún no habíamos cenado y queríamos salir a comer algo, pero en el hotel nos aconsejaron quedarnos en la habitación», explican. «Ese día pasamos miedo y al siguiente (el lunes) también, pero poco a poco ha vuelto la normalidad», asegura la madre de familia.
Varios hoteles del centro de París han sufrido cancelaciones que, sin todavía números oficiales, podrían rondar entre el 10 o 15% de bajas el fin de semana
Otros, como Olivia y Patrick, que han venido desde Nueva Orleans, en Estados Unidos, se toman la situación con filosofía. «No nos vamos a enfadar con los franceses por estar haciendo cosas de franceses en Francia», dicen. No es mala reflexión. Es su primera vez en la capital y lo que han visto no les sorprende demasiado: «De la ciudad donde venimos hay más violencia que aquí, así que estamos acostumbrados». Sin embargo, cuando se les pregunta qué planes tienen para este sábado, dudan. «Posiblemente hagamos el ‘check-out’ antes, pero lo que es seguro es que estaremos con los ojos bien abiertos», creen.
Esta relativa calma contrasta con la preocupación de los profesionales del turismo. En su opinión, más allá de los daños materiales, lo que está en juego es el atractivo del país, destino turístico por excelencia. «El impacto en la posición internacional de Francia es considerable», advertía a ‘Le Monde’ Christelle Chassagne, presidenta de ADN Tourisme, que agrupa a las instituciones del sector.
«La gente está muy asustada y nos ha afectado mucho al negocio»
Es el caso de Alma, guía turística. El caos del sábado pasado le pilló de lleno cuando esperaba a un grupo de turistas en la zona de Ópera, uno de los epicentros de las manifestaciones. «Me quedé en medio y tuve que huir porque ya estaban lanzando gases lacrimógenos y no sé qué pasó con mis turistas», cuenta. Alma está a pocos pasos de la catedral de Notre-Dame, con su banderita azul, distintiva para cualquier extranjero en busca de un ‘free tour’, a la espera de que llegue algún grupo. Pero «no sé si hoy llegará nadie. La gente está muy asustada y nos ha afectado mucho al negocio», se lamenta. La guía, mexicana de origen y con cuatro años de experiencia en la capital, admite que pasó mucho miedo y teme que este sábado vuelva a repetirse «o incluso sea todavía mucho peor».
