Tras seis meses de bloqueo político, con el respaldo de los socialdemócratas y el apoyo parlamentario condicionado de los liberales, Luca Niculescu ha sido investido hoy como jefe de gobierno por el parlamento rumano con 280 votos a favor, superando los 233 que … necesitaba. Bruselas espera de él disciplina fiscal y continuidad europea; la OTAN, estabilidad en un país estratégico para la defensa del mar Negro. Su elección también constituye un revés táctico para la derecha radical nacionalista prorrusa, próxima a Donald Trump, aunque no elimina las causas de su ascenso.
Luca Niculescu no es el típico dirigente que llega a la jefatura del Gobierno después de conquistar un partido, ganar unas elecciones o construir una base electoral propia. Periodista, diplomático y negociador de la incorporación de Rumanía a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), representa una apuesta por la gestión tecnocrática para sacar al país de una crisis política que amenaza con convertirse en un problema geopolítico. El presidente Nicusor Dan lo eligió el 5 de octubre como su cuarto candidato a primer ministro desde la caída del Gobierno anterior, en mayo.
Su proyecto político es una mezcla de regeneración y garantías sociales. Prevé reducir el déficit público, impulsar la producción nacional para no depender de las importaciones, simplificar la burocracia y mejorar la gestión de las empresas públicas, al igual que actualizar las pensiones, proteger a las familias vulnerables con tres hijos o más, ampliar la formación profesional y acelerar el programa «Primer Empleo». El presupuesto será la prueba de hasta dónde llegan estos compromisos.
Niculescu es un europeísta convencido. Tras terminar su formación en periodismo europeo en Estrasburgo y trabajar en Radio France Internationale, su conocimiento de los circuitos informativos europeos derivó en una carrera diplomática. Fue embajador rumano en París entre 2016 y 2021 y posteriormente asumió responsabilidades en el Ministerio de Exteriores relacionadas con el proceso de adhesión a la OCDE.
Acostumbrado a negociar, construir consensos y desenvolverse en instituciones internacionales, tendrá que recurrir a estos talentos para liderar un gobierno sin una organización partidista propia. «No puedo prometer milagros», advirtió al recibir el encargo del presidente de formar Gobierno, pero garantizó seriedad en el uso del dinero público y previsibilidad económica, un compromiso que resume tanto su estilo como la dimensión de su desafío.
Niculescu prometió seriedad en la gestión del dinero público y previsibilidad económica
El principal apoyo de Niculescu procede del Partido Socialdemócrata (PSD), la mayor formación parlamentaria, que se incorpora al Ejecutivo con una presencia dominante: once de los dieciocho puestos ministeriales previstos corresponden a sus representantes. Su líder, Sorin Grindeanu, ha defendido el respaldo como una forma de evitar que la crisis desemboque en una situación económica todavía más grave. Sin embargo, ha dejado claro que el primer ministro no pertenece políticamente al PSD y que el apoyo no equivale a una autorización ilimitada para desarrollar su programa.
El Partido Nacional Liberal (PNL), de centroderecha, y la formación de la minoría húngara UDMR han ofrecido apoyo parlamentario sin entrar en el gabinete. También cuenta con votos de representantes de minorías nacionales y grupos menores. El problema es que esos apoyos tienen condiciones distintas y no forman una coalición cohesionada. El PSD exige que el Gobierno presente antes del 1 de diciembre un proyecto presupuestario para 2027 y rechaza nuevas subidas de impuestos. Los liberales, por su parte, reclaman realismo presupuestario y continuidad en la reducción del déficit. La contradicción es evidente: los socialdemócratas tienen incentivos para proteger el gasto social, mientras que los socios externos exigen medidas que limiten el desequilibrio de las cuentas públicas.
Niculescu orienta Rumanía hacia Occidente
En este complicado contexto interno, Niculescu cuenta con el apoyo exterior de la Unión Europea, que tiene motivos económicos concretos para seguir de cerca la situación. Rumanía registró un déficit público superior al 9% del PIB en 2024 y afronta una reducción exigente para cumplir sus compromisos europeos. La meta acordada es situarlo por debajo del 3% en 2030. Las agencias de calificación han advertido, además, de los riesgos para la solvencia del país si no aprueba un presupuesto creíble. La crisis política ya ha presionado a la baja al leu, la moneda rumana, y elevado el coste de financiación del Estado. Del presupuesto para 2027 y las reformas dependen ayudas europeas.
Niculescu simboliza, por otra parte, la continuidad de la orientación prooccidental defendida por Nicusor Dan y la voluntad de preservar la cooperación con Bruselas. La importancia de Rumanía para la Alianza Atlántica, además, va más allá de su pertenencia formal. Comparte una frontera de unos 614 kilómetros con Ucrania, dispone de una posición estratégica en el mar Negro y participa en la defensa del flanco oriental de la OTAN. Hace sólo unos días, por ejemplo, cazas rumanos F-16 interceptaron dos drones sobre aguas territoriales rumanas, según el Ministerio de Defensa. Los incidentes relacionados con la guerra de Ucrania y las amenazas a las rutas marítimas exigen coordinación militar, vigilancia y decisiones presupuestarias sostenidas que Niculescu garantiza.
La otra dimensión de la investidura es el pulso con la Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR), la formación nacionalista de derecha radical encabezada por George Simion. AUR podría beneficiarse electoralmente de una nueva convocatoria electoral anticipada si los partidos tradicionales vuelven a bloquearse, por lo que la designación de un diplomático independiente y comprometido con la continuidad occidental constituye un contrapeso institucional a la estrategia de la agrupación nacionalista.
