Hace unos días Donald Trump autorizó la importación de diésel ruso a Estados Unidos para bajar los precios de este combustible antes de las elecciones de medio mandato. Es una operación que no tendrá gran impacto electoral: dos terceras partes de las refinerías de … Rusia han sufrido ataques de misiles ucranianos y no disponen de grandes cantidades para la exportación. Este viernes Donald Trump frenó en seco mediante un decreto la aplicación de la ley Graham, que establece sanciones sobre Rusia en energía y defensa, incluido a su flota fantasma de barcos petroleros. También permite imponer aranceles a terceros países que continúan comprando a Moscú gas y petróleo.
Asistimos a un paso más en una deriva preocupante de un presidente que, de forma periódica, sale en ayuda de Vladimir Putin y sus planes fallidos de controlar Ucrania mediante la guerra. Los colaboradores de Trump además han amenazado al Gobierno de Kiev con cortar la cooperación en inteligencia si ataca refinerías rusas. Esta colaboración, imprescindible en el campo de batalla, ha empezado a fallar de forma no explicada, mientras los satélites de Elon Musk que permiten el funcionamiento de los drones operan con restricciones.
Las decisiones de Trump, tal vez guiadas por su admiración hacia Putin y el deseo de hacer negocios con Moscú, no solo debilitan a Ucrania, sino que tienen consecuencias muy negativas para sus aliados europeos. El mensaje es claro: en el nuevo tiempo geopolítico prima la ley del más fuerte y las alianzas ceden ante ‘tratos’ inestables y efímeros en los que hay siempre un ganador y un perdedor.
El Consejo Europeo de esta semana ha recibido al presidente Zelenski para mostrarle su apoyo. Pero al mismo tiempo la UE se dispone a recortar su presupuesto, en vez de orientarlo a reformas económicas necesarias, y sus Estados miembros no consiguen trabajar juntos hacia una ‘Unión de Defensa’, que debería empezar por constituir un pilar europeo en la OTAN.
