Andy Burnham llegó el fin de semana a Liverpool rodeado de un optimismo que el Partido Laborista no experimentaba desde hacía tiempo. Apenas dos meses después de sustituir a Keir Starmer en Downing Street, el antiguo alcalde de Mánchester afronta en el congreso anual … de su partido su primera gran prueba como primer ministro: demostrar que el entusiasmo generado por el cambio de liderazgo puede convertirse en un proyecto de Gobierno concreto.
El ambiente contrasta con el que rodeaba al partido durante los últimos meses de Starmer. Burnham ha tratado de imprimir un tono más optimista a su llegada al poder y recuperar a parte de un electorado desencantado con el Gobierno laborista. Pero el congreso de Liverpool supone también el momento de empezar a pasar de los mensajes a las políticas. Entre los desafíos que esperan al nuevo Ejecutivo del Reino Unido, destacan unas cuentas públicas muy ajustadas, el elevado coste del sistema de prestaciones, la crisis de la vivienda, la presión sobre el Sistema Nacional de Salud (NHS) y el compromiso de aumentar el gasto en defensa.
La primera gran propuesta de Burnham ha sido precisamente abordar uno de los problemas que sucesivos gobiernos británicos han evitado resolver, el de la atención social a ancianos y dependientes. El primer ministro aprovechó el comienzo del congreso el domingo para defender la creación de un servicio nacional para estas personas inspirado en los principios del NHS, universal y gratuito en el momento de recibir la atención.
En una entrevista con la BBC, Burnham reconoció la dimensión del desafío y se mostró dispuesto a asumir su coste político. Admitió que podría tener que gastar «capital político» y hacerse incluso «impopular para algunos», pero aseguró que eso no le detendrá.
El plan no se aplicaría antes de las próximas elecciones generales, previstas actualmente para 2029. Burnham quiere incluirlo en el próximo programa electoral laborista para que sean los votantes quienes respalden una reforma que previsiblemente necesitará nuevos recursos. Aunque no concretó cómo se financiará, señaló que «todo el mundo» contribuiría al nuevo sistema y comparó el modelo actual de atención social en Inglaterra con el sistema sanitario estadounidense por el riesgo de que las personas terminen consumiendo sus ahorros y patrimonio para pagar sus cuidados.
La primera gran propuesta de Burnham es crear un sistema universal y gratuito para atender a los ancianos y dependientes
La cuestión de cómo pagar las ambiciones del nuevo Gobierno planea, de hecho, sobre todo el congreso. Y este lunes fue el ministro de Economía, John Healey, quien dejó claros los límites económicos dentro de los que tendrá que moverse Burnham.
En su discurso ante los delegados, Healey prometió una «nueva era de industrialización» para el Reino Unido, basada en sectores como la inteligencia artificial, la fabricación avanzada y la defensa. El ministro sostuvo que el crecimiento económico es «la única respuesta» para hacer frente a los problemas del país, pero al mismo tiempo insistió en la necesidad de mantener la disciplina fiscal.
Healey defendió que «no hay nada progresista en perder el control, porque siempre son los trabajadores quienes terminan pagando las consecuencias», y aseguró que él y Burnham están completamente alineados en la necesidad de respetar las reglas fiscales. El mensaje llega exactamente un mes antes de que presente, el 28 de octubre, sus primeros presupuestos como responsable de finanzas, en un contexto especialmente complicado para el Tesoro.
Sube la deuda pública
El endeudamiento público alcanzó en agosto los 18.300 millones de libras (21.300 millones de euros), 3.500 millones de libras (4.000 millones de euros) más de lo previsto por la Oficina para la Responsabilidad del Presupuesto (Office for Budget Responsibility). Desde abril, el déficit acumulado asciende a 77.300 millones de libras (90.160 millones de euros), 8.100 millones de libras (9.500 millones de euros) por encima de las previsiones oficiales, mientras aumenta también el coste de los intereses de la deuda.
Healey intentó, sin embargo, combinar ese mensaje de prudencia con una apuesta por el crecimiento. Anunció 100 millones de libras (116 millones de euros) para ampliar un servicio local de formación profesional destinado a conectar a los jóvenes con empresas de sus regiones. Además, defendió el uso de la contratación pública y del creciente gasto en defensa para impulsar la industria británica.
«Nuestras minas de carbón no van a volver», dijo al reivindicar la transformación de las antiguas zonas industriales. «Pero así es como el pasado industrial de Reino Unido está siendo reconstruido para el mundo moderno. Esta es la nueva era de industrialización», afirmó.
La intervención del ministro expuso así uno de los principales dilemas que Burnham tendrá que resolver, el de satisfacer las expectativas de cambio que han acompañado su llegada al poder mientras mantiene bajo control unas finanzas públicas que dejan poco margen para nuevas promesas.
