Brasil se prepara para cerrar en octubre el ciclo de elecciones sudamericanas de 2026, con campañas que han estado marcadas por la polarización y que se han desarrollado bajo la influencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Una sombra que se ha alargado sobre … todos los problemas del continente. En esa disputa el norteamericano ha sido un aliado importantísimo de Flávio Bolsonaro, que ya desafía en las encuestas la reelección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
De ser claramente el favorito, el actual presidente brasileño está viendo como ha acortado distancias y le supera por la mínima el primogénito de Jair Bolsonaro, que ha desarrollado un discurso alineado con Trump. La campaña de Flávio Bolsonaro se ha centrado especialmente en la seguridad pública y en el crecimiento de las facciones criminales brasileñas, el PCC y el Comando Vermelho, que, según su plan de Gobierno pasarán a ser consideradas organizaciones narcoterroristas, tal como quiere Trump. El tema le enfrenta a Lula, que considera esa denominación abre la puerta a una intervención de Estados Unidos en la soberanía brasileña.
El senador Flávio, heredero político de su padre, es el principal nombre de la ultraderecha brasileña en una elección en la que Trump lo apoya abiertamente, mientras presiona a Lula y su Gobierno con su polémica política arancelaria, el abandono de tradiciones diplomáticas y una actitud de confrontación constante. «Cuando el Gobierno Donald Trump hace eso en este momento, está fortaleciendo a su candidato de aquí: Flávio Bolsonaro», afirma Leonardo Sakamoto, columnista político del portal UOL, al mismo tiempo en que recuerda que aliados importantes del bolsonarismo han sido implicados con esas facciones.
Trump también puede convertirse en una ventaja para Flávio al perseguir a los jueces de la Corte Suprema, en especial al juez Alexandre de Moraes, famoso por condenar a prisión a Jair Bolsonaro. Un escándalo financiero que ha incluido al juez en la lista de sospechosos de corrupción, ha beneficiado al bolsonarista en las últimas encuestas, pese a que el propio candidato está hundido hasta el cuello en el mismo caso, el del banquero preso Daniel Vorcaro.
La influencia relativa en las urnas
La influencia de Trump en la región es innegable, aunque su peso real en las urnas sea cuestionable. Roberto Uebel, Doctor en Estudios Estratégicos Internacionales por la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS) y Profesor de Relaciones Internacionales de la universidad ESPM, analiza esa influencia con cautela. Según el experto, Trump «tiene algún tipo de influencia en la opinión de los electores en América del Sur, pero no al punto de cambiar el pleito electoral». En su opinión, el efecto Trump se manifiesta más bien en «la ‘performance’ de los candidatos, especialmente los candidatos más a la derecha, de ultraderecha», moldeando discursos y estrategias de alineamiento con el presidente norteamericano, como se ha visto en otros países de la región.
En el escenario brasileño, sin embargo, con aranceles presionando la economía, la estrategia de Trump podría ser contraproducente para sus aliados. «En Brasil, creo que hasta tiene un efecto adverso, por el tema del tarifazo», sostiene Uebel. El especialista señala que, con la única excepción de Flávio Bolsonaro, el electorado y las candidaturas de diversas tendencias, desde Lula hasta otros candidatos de derechas como Ronaldo Caiado y Romeu Zema, «todos se han mostrado contrarios al tarifazo» que perjudica a la economía nacional y afronta la soberanía. Esta política de recargos arancelarios impuesta por Washington ha unificado, paradójicamente, el rechazo de gran parte del espectro político, convirtiéndose en un arma de doble filo para quien intenta capitalizar el apoyo de Trump.
Esta política de recargos arancelarios impuesta por Washington ha unificado, paradójicamente, el rechazo de gran parte del espectro político
La postura del Gobierno de Lula ha sido presentar esta injerencia como un ataque a la nación y usarla para fortalecer un discurso soberanista. En respuesta a las amenazas arancelarias y a la designación de facciones criminales brasileñas como terroristas por parte de EE.UU., Lula declaró que Trump hablaba mucho y escuchaba poco. Esta semana, cuando participe en la Asamblea General de la ONU, Lula aprovechará el viaje para mandarle un recado a Trump. «Voy a la reunión de la ONU para tener una charla con Trump y decirle: no se meta en las elecciones de Brasil», declaró el brasileño, que no tiene ninguna reunión prevista en su agenda con el líder norteamericano.
Esas declaraciones no son casuales, el equipo de Lula ha tratado de transformar el embate con Trump en un argumento electoral. Diversos analistas coinciden en que, en el juego de los enfrentamientos diplomáticos, Lula puede tener ventaja. Al asociar a Flávio Bolsonaro a las políticas que perjudican a Brasil, el gobierno busca polarizar al electorado entre la defensa de la patria y la supuesta sumisión a intereses extranjeros.
«Traidores a la patria»
Ese alineamiento ha servido a la campaña de Lula para calificar a estos políticos de «verdaderos traidores de la patria», consolidando la narrativa de que la derecha bolsonarista prioriza la defensa de la familia y de intereses extranjeros por encima de la economía nacional.
Por su parte, Flávio Bolsonaro ha intentado suavizar esa posición, solicitándole a Washington un «aplazamiento» de las tarifas, aunque sin condenarlas claramente. Sus recientes viajes a Estados Unidos para sacarse una foto con Trump y reunirse con figuras clave de su Administración y del Partido Republicano, como el Secretario de Estado, Marco Rubio, y el vicepresidente, J. D. Vance, muestran su esfuerzo por asegurar el respaldo estadounidense.
«Voy a la reunión de la ONU para tener una charla con Trump y decirle: no se meta en las elecciones de Brasil»
Lula da Silva
Presidente de Brasil
Recientemente, el propio Rubio, intentó responsabilizar a Lula del «tarifazo», argumentando que «el presidente Lula y su Gobierno no negociaron con los EE.UU. de buena fe». Rubio acusó a Lula de priorizar su ego y aseguró que las tarifas son «el precio a pagar por ello». Esa narrativa fue rápidamente asimilada y amplificada por la campaña de Flávio Bolsonaro, como una forma de reducir el costo político de las sanciones económicas impuestas por sus aliados en Washington.
El Gobierno de Lula, por su parte, ha invocado la Ley de Reciprocidad y buscado medidas para proteger a los sectores económicos locales afectados por las tarifas, acciones que debe llevar a la campaña. Independiente de ese fuego cruzado transatlántico, influya o no en el resultado final, Trump consigue asombrar las discusiones entre los votantes brasileños así como ya lo logró en los comicios de Chile, Bolivia, Colombia y Perú. Aparentemente para Trump no importa que hablen mal, sino que hablen de él.
