En las calles del Midtown de Manhattan, en las inmediaciones de la sede de Naciones Unidas, ya se nota la inminencia de su ‘semana grande’, la del arranque de su Asamblea General. Los policías en cada esquina, las vallas con las que se cerrarán las … calles y la profusión de limusinas SUV son el anticipo del hervidero de mandatarios –empezando por Donald Trump– en el que se convertirá esta orilla del East River. En el gran cónclave anual de la comunidad internacional se hablará mucho de las guerras no resueltas –Ucrania o Irán–, no tanto de las prioridades de hace pocos años –como el cambio climático– y sin duda de la amenaza de moda, la inteligencia artificial. Pero habrá un asunto interno que se discutirá y negociará con intensidad por parte de las delegaciones: la elección de un nuevo secretario general de la ONU.
Esta será la última Asamblea General con Antonio Guterres al frente de la ONU. El diplomático portugués se despedirá de su cargo el 31 de diciembre, después de dos mandatos de cinco años. Y la semana que viene es el momento en el que deben eclosionar las campañas, los esfuerzos de ‘lobby’ entre delegaciones, las entrevistas con candidatos para que la ONU encuentre a su próximo líder.
De momento, hay ocho candidatos. Más de la mitad, cinco de ellos, son mujeres del continente americano. La razón: por un lado, es un lugar común en la organización internacional que el próximo líder sea una mujer, después de 80 años con hombres al frente de la Secretaría General. Y, dentro de la costumbre de rotación geográfica en la selección del ganador, este debería venir de Hispanoamérica. El primer y único secretario general de la región ha sido Javier Pérez de Cuéllar, que ostentó el cargo entre 1982 y 1991.
Por ahora, las dos grandes favoritas tienen ese perfil: Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica; y Carolyn Rodrigues-Birkett, embajadora ante la ONU de Guyana. Fuentes del Ministerio de Exteriores han asegurado a este periódico que la preferencia de España, que no tiene ahora asiento en el Consejo de Seguridad, es que sea una mujer quien ostente la próxima Secretaría General de la ONU. A distancia, un candidato aparece en tercer lugar: Rafael Grossi, director general de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA).
La Carta de la ONU impone que es la Asamblea General –el órgano con representación de todos los países miembros– el que elige por mayoría simple al nuevo secretario general. En realidad, como en casi todo en la ONU, quien tiene el verdadero poder en la selección es el Consejo de Seguridad. Y, en especial, sus cinco miembros permanentes: EE.UU., Rusia, China, el Reino Unido y Francia. Su derecho de veto se extiende a la selección de un secretario general.
Es el Consejo de Seguridad quien tiene que «recomendar» al próximo secretario general. La práctica hasta ahora es que solo hace una recomendación, que después es aceptada por aclamación en la Asamblea General. Para obtener la recomendación se necesitan al menos nueve votos favorables en el Consejo de Seguridad y que no haya vetos.
Para obtener la recomendación del Consejo de Seguridad se necesitan al menos nueve votos favorables y que no haya ningún veto
En ese proceso estamos ahora mismo, en una carrera de caballos entre los candidatos favoritos. En buena parte está teñido de secretismo, pero hay una ventana para ver quién lleva la delantera: las encuestas anónimas previas en el Consejo de Seguridad, conocidas como ‘straw poll’, en las que se mide la aceptación de cada candidato.
Este viernes se ha realizado la tercera de estas votaciones, que ha confirmado a Grynspan y Rodrigues-Birkett como favoritas. Los quince miembros emiten votos alentadores, desalentadores o sin opinión sobre la candidatura. Grynspan salió como líder, con nueve votos de apoyo, por ocho de Rodrigues-Birkett. Grossi se queda con cinco, al igual que los otros dos hombres que se han presentado, los africanos Olara Otunnu y Macky Sall (pero estos con más votos desfavorables).
Sin apenas opciones aparece la candidata con el perfil más elevado, Michelle Bachelet, expresidenta de Chile y con mucha experiencia en la ONU como Alta Comisionada para Derechos Humanos. Pero es evidente que su perfil izquierdista no tiene opciones en el EE.UU. de Trump y acumula más rechazos que nadie: once.
Si todo va bien, en las semanas siguientes al inicio de la Asamblea General debería haber un candidato de consenso. Este año, sin embargo, todo podría ser diferente, con la presencia de un agente agitador: Trump.
Grynspan y Rodrigues-Birkett parten como favoritas, seguidas de Grossi, mientras que Bachelet se queda sin apenas opciones
El presidente de EE.UU. no ha mostrado gran interés por ninguna de las candidaturas y, de hecho, ha propuesto a un candidato propio: Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, con el que tiene una gran relación, en especial desde que compensó la ausencia de su ansiado Nobel de la Paz con un premio propio para cortejar al multimillonario neoyorquino.
No parece, por el momento, que la opción de Infantino sea realista. Pero Trump ya ha demostrado que no le importa dar un golpe al tablero de las relaciones internacionales –desde aquella bronca a Volodímir Zelenski en el Despacho Oval– y podría hacer lo mismo en el proceso de selección del secretario general.
El presidente de EE.UU. ha dejado clara su desconfianza hacia la ONU, que considera un entramado ineficiente y que no actúa en los intereses de EE.UU. en muchas ocasiones: ha recortado las aportaciones a su financiación, ha sacado a su país de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y ha vuelto a retirarlo también del Acuerdo de París sobre cambio climático. Si no le convence ningún candidato, no se puede descartar que el proceso se alargue.
En los mentideros de la ONU domina la palabra «incertidumbre» y no se descarta la posibilidad de una «sorpresa de octubre», la aparición de un candidato de última hora, que no haya participado en el proceso y pueda conseguir el consenso.
«Bienvenido al trabajo más imposible del mundo», le dijo en 1953 el primer secretario general de la ONU, Trygve Lie, a su sucesor, Dag Hammarskjold. Ahora, en plena crisis de la ONU, incapaz en su papel como mantenedor de la paz, con un enfrentamiento de bloques que ha sumido en la parálisis al Consejo de Seguridad, con sus finanzas exhaustas, con su imagen deteriorada, con la necesidad de una reforma estructural, ese trabajo parece todavía más imposible.
Los ocho candidatos que pugnan por liderar la ONU
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Rebeca Grynspan

Ex vicepresidenta de Costa Rica
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A sus 70 años, Grynspan tiene una amplia trayectoria en organizaciones internacionales. Estuvo al frente de la Secretaría General Iberoamericana, la entidad que organiza las Cumbres Iberoamericanas, con sede en Madrid, y desde 2021 lidera la rama de Comercio y Desarrollo de la ONU. Por su labor en la ONU bajo el liderazgo de Antonio Guterres, se la percibe como una candidata continuista, pese a su defensa de la reforma de la organización.
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Carolyn Rodrigues-Birkett

Embajadora de Guyana en la ONU
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Rodrigues-Birkett, de 52 años, fue ministra de Exteriores de Guyana antes de representar al país en la ONU. En los últimos años ha ganado relevancia por la presencia de Guyana en el Consejo de Seguridad, que tuvo la oportunidad de presidir. Se ha presentado como una candidata «de principios y pragmática», que apoya las reformas en la ONU y que promete ir más allá de las amenazas a la paz y la seguridad.
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Rafael Grossi

Director general del OIEA
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La persona con más posibilidades ahora mismo de evitar que una mujer lidere la ONU es Rafael Grossi, de 65 años. Es un argentino con una amplia carrera diplomática y que ha tenido protagonismo en las dos últimas grandes guerras -Ucrania e Irán- desde su papel como director del Organismo Internacional de Energía Atómica. Grossi, que podría ser visto con buenos ojos por Trump, promete eficiencia y un multilateralismo «pragmático». El reciente empuje diplomático de Argentina por las Malvinas podría suponer el veto de Reino Unido.
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Macky Sall

Expresidente de Senegal
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Sall, de 64 años, es un candidato que, sobre el papel, tiene pocas opciones. Primero, por la expectativa -cada vez un poco más frágil- de que por fin le toca a una mujer estar al frente de la ONU. Segundo, porque la tradición en la rotación geográfica de los secretarios generales apunta a que es el turno de Hispanoamérica. Tercero, porque ni siquiera tiene el respaldo de la Unión Africana. Pero Sall ha hecho algo importante: ha hablado muy bien de Trump.
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María Fernanda Espinosa

Exministra de Exteriores y de Defensa de Ecuador
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Espinosa nació en Salamanca hace 62 años, durante una estancia de estudios de sus padres. Tuvo altas responsabilidades en los gobiernos izquierdistas de Rafael Correa y Lenín Moreno y su trabajo en relaciones internacionales ha estado vinculado a temas medioambientales e indigenistas. Ese perfil le da pocas posibilidades de que salve el veto de EE.UU. Pero tiene una experiencia que la distingue de otros candidatos: fue presidenta de la Asamblea General de la ONU entre 2018 y 2019, la cuarta mujer en la historia en lograrlo.
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Michelle Bachelet

Expresidenta de Chile
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Bachelet es la candidata de perfil más alto pero, también, una de las que tienen más posibilidades de caer en los vetos de alguno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad. A sus 74 años, ha sido presidenta de Chile y Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos. Es una figura internacional izquierdista y amplios sectores del entorno de Trump están en contra de que llegue al puesto de máxima responsabilidad de la ONU.
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Ivonne A-Baki

Exembajadora de Ecuador en Washington
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A-Baki, exministra de Comercio y exembajadora en Washington de Ecuador, es una candidata de última hora, que tiene la elección cuesta arriba. En la primera votación secreta en el Consejo de Seguridad no recibió ningún respaldo de sus quince miembros. Su candidatura se basa en la buena relación que forjó con el entorno de Trump en la capital de EE.UU. Pero trae también propuestas muy agresivas, como una reforma de los vetos en el Consejo de Seguridad, lo que puede convertirla en una candidata poco atractiva para las grandes potencias.
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Olara Otunnu

Ex ministro de Exteriores de Uganda
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Otunnu conoce la ONU a la perfección después de cuatro décadas de experiencia como diplomático: ha sido ministro de Exteriores y embajador ante la ONU de Uganda, y como tal tuvo la oportunidad de presidir el Consejo de Seguridad. También ha sido subsecretario general de la ONU para la infancia y conflictos armados. Defiende que su prioridad inmediata será la resolución de conflictos. Tiene mejores perspectivas que el otro candidato africano, pero sufre el mismo problema: ni es mujer, ni de Hispanoamérica.
