Podría decirse que Jimmie Akesson (Ivetofta, 1979) es, desde hace dos décadas, la figura más influyente y polarizadora de la política sueca. Líder de los Demócratas Suecos (SD) desde 2005, ha transformado un partido marginal, marcado por sus orígenes extremistas, en una máquina … electoral con capacidad para condicionar gobiernos, moldear debates y redefinir el eje político del país, gracias a una estrategia de normalización calculada y efectiva.
Con su resultado electoral del 17,6%, a la espera de añadir el voto por correo, SD parece haber tocado techo y registra un descenso del 2,9% desde las anteriores elecciones legislativas. Pero se trata de una pérdida poco significativa en términos de valoración de su capacidad de gobierno. Después de cuatro años apoyando en el Parlamento a los Moderados de Ulf Kristersson, desde fuera de la coalición de gobierno, ha sufrido solamente un desgaste relativo y mantiene un nivel de voto relativamente estabilizado.
En su ligero retroceso podría haber influido el órdago que Akesson planteó al primer ministro sueco durante la campaña electoral, cuando advirtió que en la próxima legislatura no se contentaría con apoyar desde fuera, sino que exigiría formar parte del gobierno y «la mitad de los ministros». A Kristersson, sin embargo, esa colaboración no parece pasarle factura, con un descenso solamente del 0,8%.
Akesson creció en Sölvesborg, en el sur de Suecia, un entorno que él mismo ha descrito como marcado por «conflictos culturales». Ha recordado en el patio del colegio «choques inevitables» entre niños suecos e hijos de inmigrantes, desmentidos por antiguos compañeros y profesores, pero claves en la construcción de su relato identitario. A los 15 años empezó a militar en grupos juveniles extremistas como Moderat Skolungdom, atraído por las fiestas y los amigos, no por ideología, según ha explicado reiteradamente. Y en 1995 participó en la creación de SDU-Sölvesborg, la rama juvenil de Demócratas Suecos (SD).
En un texto autobiográfico de 1997, ‘La historia de SDU-Sölvesborg’, describe cómo se enfrentaba épicamente a «jóvenes de izquierda y profesores comunistas», en una guerra de panfletos y provocaciones. Pronto lideró el grupo denominado ‘Los Cuatro de Lund’, junto con Mattias Karlsson, Björn Söder y Richard Jomshof, con el objetivo de tomar el control del partido y reformarlo desde dentro, liberándolo de toda sospecha neonazi.
Tras su llegada a la presidencia de SD, impulsó una limpieza de elementos extremos, una nueva disciplina interna y un cambio de símbolo: de la antorcha nacionalista pasó a la flor azul (‘blasippa’), que suavizaba su imagen y comenzaba a avanzar en el camino de una lenta normalización. Pero mantenía como ejes fundamentales de su discurso la inmigración y la seguridad. En 2009, Akesson publicó en el periódico ‘Aftonbladet’ una columna donde afirmaba que el islam era «el mayor peligro extranjero para Suecia desde la Segunda Guerra Mundial».
Tras su llegada a la presidencia de SD, impulsó una limpieza de elementos extremos para lograr la integración de su partido en el sistema, pero sigue manteniendo la inmigración y la seguridad como ejes de su discurso
Sus colaboradores destacan de él su trabajo constante, «como en una eterna campaña electoral», siempre en ruta, visitando hasta la última formación local del partido y prolongando su disponibilidad sin pausa. En 2014, sufrió una especie de colapso: reconoció públicamente que había gastado en casinos de internet cerca de 50.000 euros al cambio y estuvo de baja durante cinco meses.
Su regreso, ya recuperado, fue tratado como un acontecimiento político nacional. Lejos de terminar con él, el episodio humanizó su figura ante muchos votantes y reforzó su narrativa de «hombre bajo presión constante». Tras este nuevo y paradójico paso de normalización, apoyó a Ulf Kristersson como primer ministro en 2018. El intento fracasó, pero la ruptura del cordón sanitario comenzó a tomar forma en las ideas de muchos votantes.
Prueba superada en la colaboración gubernamental
En 2022, SD se convirtió en segunda fuerza en las urnas y firmó el ‘Tidöavtalet’, un pacto que permitió a la derecha gobernar con apoyo parlamentario de SD. Fue un antes y un después: por primera vez SD influía directamente en políticas de inmigración, seguridad y energía en Suecia. Lejos de desgastar al partido o subrayar su inaptitud para el gobierno, SD ha jugado un papel estabilizador que, sin embargo, y de acuerdo a su resultado electoral, no tiene mucho más recorrido.
En campaña, ha acusado a sus rivales de «negar la realidad» sobre criminalidad e inmigración y a la izquierda de «romper Suecia». Ha protagonizado varios momentos virales en debates televisivos y ha insistido en que SD es «el único partido que dice la verdad sobre la inseguridad». Su principal objetivo ha sido movilizar al votante decepcionado.
Su capacidad de empatizar con los votantes parte de su imagen de «hombre normal». Tiene un hijo con la política Louise Erixon, se casó en 2024 con Matilda Kärnerup y es aficionado al golf y seguidor del club Mjällby AIF. Pero donde concentra la conexión emocional con sus bases es sobre el escenario. Akesson es el cantante del grupo Bedarande Barn, banda vinculada al nacionalismo sueco, y sus conciertos se han convertido en una herramienta festiva de movilización política.
