Entre las cualidades de Magdalena Andersson destaca su perseverancia, junto a una capacidad notable para navegar en el fragmentado sistema parlamentario sueco, en el que cada decisión exige pactos, renuncias y una lectura final del clima social. Y, en este último punto, Andersson ha … seguido los pasos de su vecina danesa, la también socialdemócrata Mette-Frederikssen, identificando la inmigración y la seguridad como focos de malestar social. El endurecimiento de su política migratoria la ha mantenido en niveles demoscópicos inalcanzables para la mayoría de los socialdemócratas europeos.
Nacida en un entorno académico, Andersson creció en Uppsala, una ciudad universitaria que marcó su carácter disciplinado y su inclinación por el estudio. Fue campeona de natación en su juventud, un detalle que ayuda a entender su estilo político: competitivo, constante, resistente. Ganó dos medallas de oro en campeonatos juveniles nacionales y llegó a competir en categoría absoluta a los 14 años, para lo que entrenaba a las 5.30 de la mañana, antes de ir al instituto.
Estudió Ciencias Sociales y posteriormente se formó en la Escuela de Economía de Estocolmo, una de las instituciones más prestigiosas del país. Esa base técnica ha definido su carrera: Andersson es, ante todo, una economista creíble y pragmática con mentalidad de gestora. En su equipo aseguran que es una «obsesa por los detalles».
Antes de llegar a la primera línea política, trabajó como subdirectora general de la Agencia Tributaria, donde adquirió reputación de analista rigurosa y defensora de la disciplina fiscal. Su entrada en la política nacional se produjo en 1996, como asesora del primer ministro Göran Persson. Desde entonces, fue ascendiendo dentro del SAP, el histórico Partido Socialdemócrata sueco. En 2014 alcanzó el cargo que la consolidó como figura nacional: ministra de Finanzas, puesto que ocupó durante siete años y en el que mostró sus dotes de arquitecta de la política económica de los gobiernos de Stefan Löfven, defendiendo el equilibrio presupuestario dentro del modelo de bienestar sueco.
En 2021, tras la salida de Löfven, Andersson fue elegida líder del SAP y se convirtió en la primera mujer en ocupar la jefatura del Gobierno sueco. Su primer mandato duró apenas siete horas, debido a la salida del Partido Verde de la coalición, pero su investidura posterior como primera ministra en minoría marcó un hito histórico para el partido y para el país. Andersson entendió que Suecia, otrora máximo exponente global de pacifismo y bienestar, ya yo podía permitirse esa política sin restricciones.
Sus siete años como ministra de Finanzas demostraron sus dotes eficaces y pragmáticas, que ha confirmado con el endurecimiento de su discurso contra la inmigración
La nueva situación de seguridad, tanto por la amenaza rusa como por la invasión de bandas criminales extranjeras, había cambiado la realidad sueca y decidió dar al partido un giro pragmático. Abrió el melón de la neutralidad sueca y su impulso fue decisivo para la adhesión de Suecia a la OTAN en 2024. Ha añadido la «seguridad» a los dos tradicionales pilares de la política socialdemócrata, que eran la cohesión social y el bienestar. Reivindica la necesidad de «mantener unido al país», frente a la polarización, y se ofrece a reducir la inmigración desde parámetros técnicos, no populistas.
En los últimos años ha endurecido significativamente su posición en materia de inmigración, defendiendo una política «estricta y restrictiva» y apoyando varias reformas del gobierno conservador de Ulf Kristersson en ese ámbito. Pero también ha mantenido sus líneas rojas frente a la ultraderecha de los Demócratas Suecos (SD), partido al que acusa de estar infiltrado por «amigos de Putin».
Este domingo ha acudido a votar con su marido, Richard Friberg, profesor de economía, con el que tiene dos hijos. Es una apasionada del senderismo, el kayak y el montañismo. Ha adelantado que, si gana, convocará amplios acuerdos sobre energía, criminalidad, infraestructuras y vivienda durante los primeros cien días, dispuesta a prescindir de la ideología para gestionar un país que atraviesa una profunda transformación política.
