Israel anunció este martes el cierre del Consulado General británico en Jerusalén como parte de un paquete de cuatro «contramedidas» contra Reino Unido, después de que Londres anunciara nuevas restricciones al comercio con los asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada. La respuesta, anunciada por … el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Gideon Saar, eleva la tensión entre ambos países y alcanza también a la cooperación británica relacionada con Gaza y la Autoridad Palestina.
Además del cierre del consulado, que representa al Gobierno británico en Jerusalén, Cisjordania y Gaza, Israel retirará a los representantes de Reino Unido del International Gaza Support Center de Kiryat Gat, pondrá fin a las actividades británicas de formación de las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina y prohibirá la entrada a doce personas, entre ellas once parlamentarios, incluidos Jeremy Corbyn, Zarah Sultana y Diane Abbott, además de Fahad Ansari, director de Riverway to the Sea, una organización que ofrece formación jurídica en temas relacionados con Palestina.
Las medidas llegaron pocas horas después de que el ministro británico de Exteriores, Ed Miliband, compareciera ante la Cámara de los Comunes para anunciar la prohibición de importar productos procedentes de los asentamientos y nuevas sanciones contra empresas y particulares que contribuyan a su expansión. Londres prohibirá también la publicidad de propiedades situadas en las colonias y rechazará solicitudes de licencias para armas y otros bienes cuando considere que «contribuyen materialmente a la ocupación».
«Os enfrentaréis a toda la fuerza de las sanciones británicas», advirtió Miliband a quienes faciliten la expansión de los asentamientos. El ministro insistió, no obstante, en diferenciar las medidas de un boicot general contra Israel: «El régimen de sanciones tendrá como objetivo los asentamientos ilegales y la expansión de los asentamientos, no Israel».
«Limpieza étnica»
La intervención supuso también un endurecimiento del lenguaje empleado hasta ahora por Londres. Miliband declaró que el Gobierno británico considera que existe «limpieza étnica» en algunas zonas de Cisjordania, que atribuyó a «colonos terroristas», y acusó al Gobierno israelí de haber «mirado hacia otro lado» con demasiada frecuencia. «La opinión oficial del Gobierno británico es que la ocupación es ilegal», añadió.
Saar respondió con acusaciones igualmente contundentes. Calificó al Ejecutivo laborista de «hostil», aseguró que trabaja «sistemáticamente contra el Estado de Israel» y acusó a Miliband de difundir «mentiras escandalosas». También describió las decisiones de Londres como una «injerencia flagrante en los asuntos de un Estado soberano».
La iniciativa británica se inscribe en una actuación internacional más amplia en la que participan también España, Francia, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Irlanda, Islandia, Noruega, Polonia, Portugal y Suecia, que suscribieron una declaración conjunta que reclama detener la expansión de los asentamientos y contempla restricciones sobre el comercio relacionado con ellos.
La iniciativa británica se inscribe en una actuación internacional en la que participan España, Francia, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Irlanda, Islandia, Noruega, Polonia, Portugal y Suecia
La declaración sostiene que la expansión de los asentamientos y el aumento de la violencia de colonos amenazan la solución de dos Estados, aunque reconoce al mismo tiempo los «intereses legítimos de seguridad» de Israel y reitera la condena de los ataques de Hamás del 7 de octubre. Los firmantes reclaman asimismo responsabilidades por la violencia contra palestinos y se oponen a actuaciones que puedan conducir a la anexión de territorio o al desplazamiento forzoso de su población.
Un punto de inflexión
Reino Unido, Francia y Canadá reforzaron posteriormente ese mensaje mediante una declaración de sus líderes, Andy Burnham, Emmanuel Macron y Mark Carney, quienes definieron las medidas coordinadas como «un nuevo punto de inflexión» para proteger la solución de dos Estados. «Ha llegado el momento de adoptar nuevas medidas para mantener nuestro compromiso de proteger la solución de dos Estados, nuestros intereses y defender nuestros valores, antes de que sea demasiado tarde», señalaron.
El proyecto E1, al este de Jerusalén, ocupa un lugar central en el enfrentamiento. Los gobiernos occidentales que se oponen a su desarrollo consideran que la construcción prevista de más de 1.200 viviendas perjudicaría la continuidad territorial de un futuro Estado palestino. Saar, por su parte, aseguró que no existe ninguna nueva decisión israelí sobre el proyecto y acusó a Londres de utilizar la cuestión para ejercer presión durante la campaña electoral israelí
Saar advirtió de que su Gobierno se reserva el derecho de adoptar «contramedidas» contra aquellos países que sigan una política semejante. «Israel actuará contra quien actúe contra Israel, y perderá su influencia y relevancia en esta región», afirmó.
La decisión podría abrir además un frente entre Londres y Washington. El secretario de Estado, Marco Rubio, descartó que Estados Unidos siga los pasos británicos y advirtió de posibles consecuencias para los esfuerzos sobre Gaza. El alcance de la discrepancia dependerá ahora de la reacción del presidente Donald Trump.
