Es muy posible que dentro de unos meses termine un tiempo precioso en el que todavía era posible poner en marcha reformas esenciales para el futuro de los europeos, en ámbitos como la defensa común, el mercado interior y el fortalecimiento de las democracias. Alemania … y Francia experimentan el crecimiento de los extremos ideológicos y tantoEmmanuel Macron como Friedrich Merz, dos dirigentes incapaces de sumar agendas y liderar en Bruselas, se aproximan a su ocaso político.
En 2027 podemos asistir a la llegada a la presidencia de Francia de Marine Le Pen en su tercer intento. La incombustible política ha hecho todo lo posible por «des-demonizarse» ante el electorado. Una vez instalada en el Elíseo puede que imite a Giorgia Meloni, se mueva hacia latitudes políticas más templadas, modere sus instintos antieuropeos y se olvide de sus veleidades pro-rusas. Lo que no cabe esperar es que impulse desde la capital comunitaria la libertad económica y la industria de defensa o el desarrollo de un pilar europeo en la OTAN.
El panorama en Alemania puede ser peor. Las elecciones este domingo en Sajonia-Anhalt con toda probabilidad darán una gran victoria a la AfD, un partido de extrema derecha caracterizado por su nacionalismo étnico y una retórica xenófoba, jaleado por el movimiento MAGA. Su triunfo en esta región deprimida de la antigua Alemania del Este daría más argumentos al sector más duro de la CDU, favorable a pactar en el futuro mirando a la derecha, en vez de mantener la gran coalición con los socialdemócratas.
Alemania difícilmente pondría en marcha las reformas económicas pendientes, en energía, tecnología e industria, decisivas para el conjunto de Europa. La potencia hegemónica y el principal país exportador de la Unión no estaría en condiciones, ni tendría tampoco la disposición, de servir como locomotora de Europa. El futuro no está escrito, pero si se cumplen estas previsiones, no servirá de nada ir en busca del tiempo perdido.
