La Administración Trump dio este miércoles el paso definitivo para ejecutar un nuevo modelo petrolero para Venezuela: el Gobierno de EE.UU. entra formalmente, mediante una participación en una empresa privada, en la explotación de una parte sustancial de las reservas de crudo venezolanas, mientras … Chevron y la italiana Eni amplían en paralelo sus operaciones en el país. Es un cambio de enorme alcance tras las décadas de sanciones, restricciones y enfrentamiento con Caracas, y convierte a Washington en actor directo, responsable último, de la reordenación del mercado energético venezolano.
La fórmula elegida permite a la Casa Blanca insistir en que el Gobierno estadounidense no será quien opere los pozos, sino una empresa privada. El secretario norteamericano de Energía, Chris Wright, recalcó este mismo miércoles desde Caracas que serán empresas privadas las encargadas de la producción. Pero la distinción no elimina la novedad fundamental del acuerdo: el Estado norteamericano tendrá una participación del 35% en la sociedad matriz de North American Blue Energy Partners, NABEP, la compañía controlada por el empresario venezolano investigado en España Alejandro Betancourt que recibirá derechos sobre 17 campos petroleros durante cien años.
Washington tendrá además acceso garantizado al 20% de la producción y derecho preferente para adquirir el resto. Son campos que contienen aproximadamente 65.000 millones de barriles de reservas, en torno a una quinta parte del petróleo probado de Venezuela. Varios habían estado hasta las fechas recientes bajo influencia de compañías rusas y chinas, según la Administración Trump. El acuerdo da así a Trump una posición que no se limita a facilitar inversiones estadounidenses, sino que le permite participar económicamente en la estructura empresarial que controlará esos activos y asegurarse petróleo a largo plazo.
La Casa Blanca ha defendido esa arquitectura petrolera como una forma de separar al Gobierno de la operación cotidiana. Wright, el secretario de Energía, sostuvo que Washington no pretende convertirse en una petrolera estatal ni dirigir directamente los campos. La explotación corresponderá a NABEP y a las empresas privadas presentes en Venezuela. Aun así, por primera vez el Gobierno estadounidense tendrá intereses propios dentro de una empresa privada con una posición dominante sobre una porción considerable de las reservas venezolanas.
El acuerdo ha avanzado pese a las dudas expresadas dentro del propio sector petrolero. Grandes productores estudian con cautela una estructura que puede convertir al Gobierno de EE.UU., indirectamente, en competidor de las propias compañías norteamericanas. ExxonMobil y ConocoPhillips, que abandonaron Venezuela tras las nacionalizaciones de 2007, han insistido durante meses en reclamar estabilidad jurídica, respeto de los contratos y garantías suficientes antes de realizar inversiones de gran escala.
Grandes productores estudian con cautela una estructura que puede convertir al Gobierno de EE.UU., indirectamente, en competidor de las propias compañías norteamericanas
La agencia Reuters recogió esta semana la preocupación de ejecutivos y analistas por la ausencia de una licitación competitiva y por el peso concedido a NABEP y a Betancourt. El empresario fue investigado en el pasado por autoridades estadounidenses y europeas por posibles ilícitos en negocios vinculados a Venezuela, aunque nunca fue acusado formalmente y ha rechazado las sospechas sobre sus actividades.
La Administración Trump ha salido en su defensa, algo llamativo. Un alto funcionario estadounidense aseguró antes del viaje de Wright a Caracas que Betancourt «no es un mal actor» y destacó que su compañía ha conseguido aumentar rápidamente la producción y trasladar equipos petroleros desde Texas a Venezuela. NABEP sostiene que su objetivo inmediato es superar el millón de barriles diarios.
Transformación del sector petrolero
Mientras ese acuerdo entra en fase de ejecución, la transformación del sector petrolero venezolano se acelera por otra vía. Chevron anunció este miércoles que invertirá más de 7.000 millones de dólares durante los próximos cinco años y pretende elevar su producción hasta aproximadamente 600.000 barriles diarios, más del doble de su nivel actual. La compañía ha obtenido nuevas áreas en Carabobo, dentro de la Faja del Orinoco, y mejores condiciones fiscales, comerciales y jurídicas para sus empresas conjuntas. Chevron mantiene un 49% de Petroindependencia y opera también a través de Petropiar y Petroboscán.
Su consejero delegado, Mike Wirth, agradeció expresamente «el liderazgo de la Administración Trump» y la intervención del Departamento de Energía y de Wright para crear las condiciones que han permitido la expansión. Chevron calcula que sus costes totales en Venezuela se mantienen por debajo de los 20 dólares por barril, una cifra especialmente atractiva para una industria que necesitará decenas de miles de millones de dólares de inversión para recuperar infraestructura y producción.
La italiana Eni también prepara una ampliación significativa. La empresa, que ya opera proyectos de gas junto a Repsol y mantiene intereses petroleros con PDVSA, negocia nuevas áreas en la Faja del Orinoco y ha afirmado que trabaja con las autoridades venezolanas para contribuir a la recuperación del sector energético. Wright y la ministra venezolana de Hidrocarburos, Paula Henao, supervisan esta semana una batería de acuerdos que incluye además a ONGC, GeoPark, GE Vernova y otras compañías.
Son operaciones separadas jurídicamente del gran pacto con NABEP, pero forman parte de una misma estrategia de apuntalar y modernizar el sector de crudo de Venezuela. La Administración Trump quiere convertir el país controlado por el chavismo en una fuente estable y masiva de crudo para el hemisferio occidental, atraer capital privado estadounidense y europeo y reducir al mismo tiempo la presencia que China y Rusia acumularon durante los años de aislamiento de Caracas.
Duplicar la producción venezolana
Wright aseguró al llegar a Venezuela que los nuevos proyectos permitirán «más que duplicar» la producción venezolana durante los próximos años, informa NBC, que le acompaña. El país produce actualmente alrededor de 1,1 a 1,25 millones de barriles diarios, frente a los más de tres millones que llegó a extraer a finales de los años noventa. Washington calcula que la combinación de nuevas concesiones, capital extranjero y rehabilitación de instalaciones puede cambiar rápidamente esa tendencia.
El petróleo es además una pieza de una operación geopolítica más amplia. La guerra con Irán y las tensiones en el estrecho de Ormuz han vuelto a demostrar a Washington la vulnerabilidad de los mercados internacionales ante una interrupción del suministro en Oriente Próximo. Para Trump, aumentar la oferta venezolana tiene un doble objetivo: reducir la presión sobre los precios y trasladar una parte mayor de la seguridad energética de EE.UU. al propio continente americano.
La operación sigue rodeada de interrogantes. Queda por comprobar cuánto capital llegará realmente, si los contratos sobrevivirán a futuros cambios políticos y hasta qué punto la posición privilegiada de NABEP puede desincentivar a otras grandes compañías. También persisten las críticas sobre la ausencia de una competición abierta para adjudicar los 17 campos.
