El presidente de Estonia durante los últimos cinco años, Alar Karis, anunció en junio que no se presentaría a un segundo mandato por motivos familiares, justo en un momento en el que la tensión bélica en el flanco oriental de la OTAN no … hace más que aumentar. La falta de apoyo parlamentario también es una de las claves que inclinó la balanza a la hora de decidir no optar a un mandato más. El Partido Reformista y los socialdemócratas le retiraron su voto en el Riigikogu lo que propició la llegada de la nueva presidenta, Ülle Madise.
Hija de un miembro del Tribunal Supremo, hasta ahora ocupaba el puesto en la cancillería de Justicia. Sus orígenes profesionales no están vinculados a la política, sino a una larga trayectoria en el corazón técnico del Estado estonio. Su perfil encarna la cultura política que se forjó en el país años atrás durante la restauración de la independencia, una idiosincrasia que a día de hoy vuelve a ser decisiva por la tensión latente en el flanco oriental de la OTAN.
Su nombramiento llega en un momento delicado: el país atraviesa tensiones internas como el fallido contrato de munición acordado con Ucrania, la presión sobre el ministro de Defensa y el Estado de alerta provocado por las constantes incursiones de drones en su espacio aéreo. Todos estos factores tienen un gran valor simbólico paran un país que busca estabilidad institucional y un refuerzo de su identidad democrática apostando por el Estado de derecho en contraposición a la arbitrariedad presente en el poder soviético.
Madise se licenció cum laude en Derecho por la Universidad de Tartu, la institución que ha visto crecer a buena parte de la élite intelectual del país. Su carrera temprana en el Ministerio de Justicia, primero como especialista, luego como jefa del Departamento de Derecho Público, la convirtió en una figura conocida en los círculos técnicos de la Administración. Más tarde fue asesora del Comité Constitucional del Riigikogu y del propio presidente de la República, antes de convertirse en profesora de Derecho Constitucional.
Quienes han trabajado con ella relatan que llega a las reuniones con una copia de la Constitución subrayada en varios colores. «La Constitución es un documento vivo, pero hay que leerla como si fuera un mapa: cada línea tiene un propósito», acostumbra a decir. Esta identidad la llevó a ser nombrada en 2015 Canciller de Justicia, un híbrido entre defensor del pueblo, garante constitucional y supervisor del Estado de derecho.
Durante su mandato como Canciller de Justicia, renovado en 2021 por siete años más, Madise declaró inconstitucional la ley del impuesto sobre vehículos, criticó la publicación de llamadas telefónicas intervenidas de personas no acusadas y frenó la emisión de tarjetas de identidad digital en supermercados. También se opuso a la instalación masiva de cámaras de reconocimiento facial. Cuando le preguntaron en una entrevista por qué no participaba en debates políticos televisivos, respondió: «No necesito teatro para recordar que la vida es desagradable, brutal y corta».
«Apoyo de todos»
Incluso sus críticos admiten que es difícil encontrar una figura más neutral que Madise. «Los liberales piensan que soy conservadora y los conservadores piensan que soy liberal», dice sobre sí misma. Su candidatura presidencial ha sido firmada por 75 diputados de todos los partidos: socialdemócratas, liberales del Partido Reformista, conservadores de Isamaa e independientes. El politólogo Martin Mölder interpreta la situación como un síntoma de madurez institucional: «Los estonios tendrán una presidenta que cuenta con el apoyo de todos», avanza. Este sustento transversal tiene un significado profundo para un país en el que el 70% de los ciudadanos preferirían un sistema electoral que les permita votar directamente.
Madise se presenta como experta en algo que la OTAN valora igual o más que los propios misiles: la resiliencia institucional. Su papel será garantizar que Estonia mantenga la cohesión democrática necesaria para proteger su integridad. En una reunión sobre seguridad híbrida, Madise pidió que se proyectara un mapa del país con todas las infraestructuras críticas. Cuando un oficial comentó que «la población no necesita saber tanto», ella respondió: «La población es la infraestructura verdaderamente crítica».
