La situación en el sur del Líbano se está endureciendo y el futuro en esta zona se ensombrece aún más. Durante todo este mes de agosto, la destrucción por parte de Israel no ha cesado, ya sea de los túneles de Hizbolá, de edificios o … de los cultivos de los habitantes de la región.
Sin embargo, el conflicto ha alcanzado un nuevo nivel de gravedad a pesar del alto el fuego. La aviación israelí atacó –entre otros puntos– Aarab Salim, en la región de Iqlim al-Touffah y Nabatieh al-Fawqa, y se registraron disparos de artillería contra las localidades de Khiam, Wadi Slouki y Haddatha. Aunque no hay un balance definitivo, los bombardeos habrían dejado varios muertos y heridos, entre ellos una joven recién casada hace unos días.
En el sector costero continuaron los disparos de artillería contra Mansouri, en la región de Tiro, donde vehículos militares israelíes se posicionaron en terrenos agrícolas. Otra vez, los habitantes de esta localidad han tenido que huir, y han asistido a la destrucción de su pueblo desde la colina de enfrente.
El motivo alegado por el Ejército israelí para reanudar los bombardeos en el sur del Líbano es que, según afirma, la milicia chií lanzó dos drones cargados de explosivos durante la noche del jueves contra sus tropas desplegadas en la zona. Asimismo, según Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), uno de los aparatos fue derribado por fuego israelí, mientras que se perdió el contacto con el segundo. Aunque el Ejército no sufrió muertos o heridos, aseguró que no permitiría a Hizbolá operar contra sus fuerzas en esa área y, en consecuencia, lleva a cabo represalias.
Esta mañana los disparos de artillería israelí seguían contra Houla y Wadi Slouki, y una explosión muy fuerte en Mansouri provocó violentas sacudidas en toda la región. Además, la mayor preocupación se centra ahora en la postura de Israel y Estados Unidos. El Gobierno israelí sostiene que el Ejército libanés no está cumpliendo con sus compromisos, mientras que el embajador estadounidense justifica en cierto modo la ofensiva israelí, al atribuir toda la responsabilidad a Hizbolá.
Postura israelí
Israel ya no se limita a mostrar sus reservas sobre el papel del Ejército libanés, al que acusa de no actuar con la suficiente determinación. El Estado hebreo acusa abiertamente al Ejército libanés de no cumplir la misión que le corresponde, especialmente en las «zonas piloto». Eso pone en entredicho los fundamentos del acuerdo marco, concluido el 26 de junio en Washington bajo mediación estadounidense, que prevé el despliegue del Ejército libanés y el desmantelamiento de las infraestructuras de Hizbolá en dichas zonas, donde Israel se compromete a no intervenir.
Por su parte, EE.UU. afirma comprender las preocupaciones israelíes e instan al Ejército libanés a intensificar sus acciones contra la organización chií. Recientemente, el embajador estadounidense en el Líbano, Michel Issa, ha multiplicado sus críticas hacia el Hizbolá, reiterando que el grupo no da ningún paso en la buena dirección: «Pedimos constantemente a Israel que detenga o reduzca sus ataques, pero, en cambio, Hizbolá no da ningún paso». De hecho, el miércoles Michel Issa afirmó que los ataques israelíes continuarían mientras la milicia no entregara sus armas.
En concreto, las posiciones de Israel avanzan hacia una escalada creciente, tanto en el plano político como en el militar. Las alturas de Ali al-Taher siguen siendo blanco diario de intensas incursiones; este enclave se ha convertido en un objetivo estratégico para el mando israelí, dada la relevancia militar de la colina para los combatientes de Hizbolá.
Según los especialistas, esta dinámica sobre el terreno, el movimiento de tropas y el ritmo diario de las operaciones hacen prever al menos varias semanas más de escalada militar, que se prolongaría hasta octubre, coincidiendo con las elecciones en Israel.
