Donald Trump no ha conseguido su ambición de anexionar Canadá, pero al menos ha cambiado el nombre a uno de los enormes lagos que forman parte de la frontera entre EE.UU. y su vecino y aliado tradicional del norte: a través de una … orden ejecutiva firmada este jueves, el Lago Ontario pasa a llamarse ‘Lago América’.
El cambio de nomenclatura geográfica es un aparente castigo a Canadá por las tensiones comerciales entre ambos países, en medio de la guerra comercial desatada el año pasado por el presidente de EE.UU. y que se ha agudizado en los últimos días.
El Lago Ontario es uno de los Grandes Lagos situados en el Medio Oeste de EE.UU., en territorio fronterizo con Canadá. Juntos forman el mayor cuerpo de agua dulce del planeta y el nombre de los cinco lagos que lo forman es una de las primeras cosas que aprenden los niños estadounidenses en clase de geografía: Superior, Michigan, Huron, Erie y Ontario.
Trump modificó el mapa a golpe de su famoso rotulador. En la víspera, compartió un vídeo en redes sociales en el que avisaba del cambio. Con un mapa sobre su escritorio, tachaba el nombre Ontario y colocaba el nuevo.
Unas horas después, delante de la prensa en el Despacho Oval, estampaba su firma en una orden ejecutiva con el cambio.
No está claro cómo la decisión afectará a los intercambios comerciales entre ambos países: el Lago Ontario se seguirá llamando así en Canadá y en el resto del mundo. Es lo mismo que ocurre con el Golfo de México, al que Trump cambió el nombre por ‘Golfo de América’ poco después de regresar al poder a comienzos del año pasado.
El rebautizo ocurre unos días después de que las negociaciones comerciales entre EE.UU. y Canadá se rompieran a última hora, cuando parecía -e incluso el propio Trump lo aseguró- que el acuerdo estaba hecho. Aquello ocurrió justo antes de que se cumpliera el plazo límite para la entrada en vigor de nuevos aranceles contra productos canadienses, después de las tasas reforzadas que Trump impuso el año pasado a sectores clave del vecino del norte, como la automoción, el acero y el aluminio.
Canadá y EE.UU. se acusaron mutuamente de buscar cambios de último minuto en el acuerdo que supusieron el hundimiento de la negociación.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha decidido dejar de lado la táctica del apaciguamiento frente a Trump y respondió con aranceles «dólar a dólar». Y el multimillonario neoyorquino, claro, atizó con más aranceles, en un intento de forzar la claudicación de los canadienses.
En ese contexto llega el cambio del accidente geográfico, y no es casualidad que, de los cinco lagos, Trump haya elegido al de Ontario. Es un nombre canadiense, el de la provincia más importante del país, su motor económico, la que acoge a la principal ciudad, Toronto, y cuyas autoridades han sido más combativas con Trump.
Empezando por su premier (gobernador), Doug Ford, que se ha erigido como la figura política antagonista de Trump. «Por mí, como si me besa el culo», reaccionó esta semana Ford, al que llaman ‘Capitán Canadá’, tras la última amenaza de aranceles de Trump.
Es una posición políticamente ventajosa en estos momentos, cuando el regreso al poder de Trump ha desatado una ola de antiamericanismo en Canadá. Trump insistió antes y después de su jura de cargo que buscaba convertir al país vecino, aliado tradicional, en el estado 51º de EE.UU. Y después, como con buena parte de los países del mundo, declaró una guerra comercial que es especialmente peligrosa para Canadá: tres cuartas partes de sus exportaciones van a EE.UU.
«Las autoridades canadienses nos tratan muy mal», protestó Trump tras el cambio de nombre. «Son gente asquerosa», añadió el presidente de EE.UU., que insistió en que Canadá es «el peor» país con el que tratar en temas comerciales.
Los cambios de nomenclatura a golpe de rotulador quizá no paren aquí. «Ahora ya tenemos un golfo y un lago. Necesitamos un océano», dijo Trump a los reporteros desde el Despacho Oval, con media sonrisa. «Así que igual cambiamos el nombre del Atlántico o del Pacífico».
