Ni la negociación de la guerra de Irán, ni el impulso de su agenda legislativa, ni la campaña para que los republicanos mantengan sus mayorías en el Congreso en otoño. Lo que de verdad provoca pasión en Donald Trump es la construcción de una … sala de fiestas exuberante en el ala Este de la Casa Blanca, su gran proyecto personal dentro de sus esfuerzos por renovar Washington a su imagen y semejanza.
En ese frente, el presidente de EE.UU. acaba de llevarse una gran noticia: el Tribunal Supremo permite que, por el momento, sigan las obras para levantar esa ampliación.
Trump y su Gobierno acudieron al Supremo para que bloqueara una orden de un tribunal de apelación inferior, que impuso que se pararan las obras. Ese tribunal determinó que el presidente de EE.UU. necesitaba visto bueno del Congreso para llevar a cabo una transformación de la Casa Blanca de ese calado. E imponía un plazo máximo –que concluía este viernes– para que pararan las obras si el Supremo no entraba al fondo de la cuestión.
La decisión del alto tribunal –tomada en un auto escueto por parte de su presidente, el juez John Roberts– suspende ese plazo y permite que sigan las obras mientras el recurso sigue adelante.
Así, el futuro de la obra de Trump sigue en el aire, pendiente de lo que decida de forma última el Supremo. Pero, por el momento, permite que la construcción continúe, lo que no es un mal augurio para los intereses del multimillonario neoyorquino.
Esta semana, apareció más ufano que nunca delante de los periodistas en la Casa Blanca, cuando se los llevó a dar una vuelta por algunas de las obras de la Casa Blanca. «Algo que sé hacer bien es construir», dijo. «Me encanta la construcción, me encanta ver que se tratan bien las cosas», añadió durante el paseo en el que celebró el nuevo helipuerto o el césped renovado en una parte de los jardines.
Una sala de fiestas de 9.000 metros cuadrados
La obra principal, por la que no pasó con los reporteros, es la de la controvertida sala de fiestas, la mayor ampliación de la Casa Blanca en muchas décadas.
Trump justificó en un principio su construcción por la ausencia, en su opinión, de un espacio apropiado para hacer grandes recepciones a líderes internacionales. De la noche a la mañana, y para horror de grupos de conservación patrimonial de EE.UU., las excavadoras llegaron a la Casa Blanca y demolieron el ala Este a finales del año pasado.
El plan es una sala de fiestas opulenta, en el estilo de Trump, con una superficie de unos 9.000 metros cuadrados. De inmediato, el proyecto se enfrentó a demandas que exigían su paralización, como la del Fondo Nacional para la Preservación Histórica, que defiende que Trump no tiene autoridad para transformar así la Casa Blanca de forma unilateral.
En primavera un juez dio la razón a los demandantes y, más adelante, hizo lo mismo ese tribunal de apelación. Eso no ha impedido que las obras hayan seguido adelante. Según la Administración Trump, el proyecto está completado al 65% y los operarios trabajan a toda velocidad mientras el caso se ventila en tribunales: la obra está en marcha 20 horas por día, siete días a la semana.
La obra, completada al 65%, está en marcha 20 horas por día, siete días a la semana
Para mantener con vida el proyecto, Trump y sus aliados pasaron a defenderlo desde el punto de vista de la seguridad nacional y del presidente. A la sala de fiestas se le unió un búnker subterráneo de cinco plantas que alojará un hospital e instalaciones para el poder ejecutivo en caso de una emergencia. Y, ya en la superficie, la sala de fiestas contará con un techo equipado para soportar un ataque con drones. Ahora Trump habla de la sala de fiestas como un «escudo» y de la obra como un «complejo militar».
El juez que paró el proyecto en un primer momento lo hizo solo de la obra de la sala de fiestas, no del búnker. Queda por ver qué decisión final tomará el Supremo, que se ha alineado en muchas ocasiones con Trump en un segundo mandato en el que el multimillonario trata de ampliar los poderes presidenciales. Pero en el que también le ha parado los pies en algunas de sus iniciativas de más calado, como la imposición generalizada de aranceles.
