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Barranquilla

Los bandazos del ELN

A raíz de los últimos actos terroristas de estos guerrilleros podemos decir que se les perdió el libreto y que extraviaron el rumbo. Aparentemente están divididos en varios grupos, dispersos, con poca comunicación entre sí y, por lo tanto, no tienen una estructura jerárquica, disciplinada y homogénea. Cada frente hace lo que quiere.

El Ejército de Liberación Nacional (ELN) nació como una guerrilla revolucionaria. Era la época de Cuba (1964) y las teorías de Ernesto “El Che” Guevara inspiraron a un grupo de activistas que llegaban del Partido Comunista, de la Teología de la Liberación, de la izquierda liberal, del sindicalismo y de estudiantes universitarios, especialmente de la Universidad Industrial de Santander, de la Universidad Nacional y de la Universidad Libre. El ELN hizo su aparición el 7 de enero de 1965 con la toma de la población de Simacota y vivió su gran momento cuando el sacerdote Camilo Torres ingresó a sus filas.

La guerrilla empezó a crecer en las zonas de explotación petrolera (Norte de Santander, Magdalena Medio, Arauca y Casanare), en la región bananera de Urabá, en el oriente antioqueño y sur de Bolívar. Pero la muerte de Camilo Torres, el 15 de febrero de 1966, en combate con la Quinta Brigada, en Patio Cemento (Santander), asestó un duro golpe a la organización por el significado de esta pérdida; pero el ELN siguió creciendo lentamente. Sin embargo, en 1973, el Ejército desarrolló la Operación Anorí, en Antioquia, y logró dar de baja a 80 guerrilleros, entre ellos a sus principales líderes, los hermanos Manuel y Antonio Vásquez Castaño. En este enorme operativo fueron detenidos más de 50 combatientes. Vino el desmantelamiento de las redes urbanas y los consejos de guerra y, como consecuencia, la guerrilla se dispersó, se aisló y casi desaparece. En esta crisis su comandante, Fabio Vásquez Castaño, abandonó el país, viajó a Cuba y la organización guerrillera empezó a replantear la concepción foquista. Con semejante golpe el ELN solo empezó a recuperase después de 1983, con el sacerdote español Manuel Pérez Martínez, El Cura Pérez, pionero de la Teología de la Liberación.

Y pasaron los años. En el clima político del vacío del poder y del narcotráfico se fueron desarrollando los otros grupos guerrilleros, llegaron los intentos de paz con algunas administraciones, pero también los “enemigos agazapados de la paz”. Sin embargo muchas cosas cambiaron; en 1998 Fidel Castro dijo que esta forma de lucha había perdido vigencia y afirmó que “yo no recomendaría la lucha armada […] No es hoy lo que predicamos, ha cambiado el mundo mucho en estos tiempos y no podemos estar predicando lo que predicábamos hace 30 años”.

Las negociaciones de paz

Se iniciaron el 7 de febrero del año pasado, en Quito, pero en medio de la indiferencia de un alto porcentaje de los colombianos, en un país que sigue dividido después del Acuerdo con las FARC. Luego de varios meses de negociaciones se avanzó poco, pero algo se logró; lo más importante fue el cese al fuego bilateral pactado entre las partes. Los guerrilleros del ELN no quisieron prorrogar el cese al fuego, el pasado 9 de enero, a pesar de la insistencia de los países garantes del diálogo, de Naciones Unidas, de la Iglesia Católica y del Gobierno. En este ambiente las delegaciones de ambas partes se reunieron en Quito, para acordar la fecha de iniciación del quinto ciclo de negociaciones donde se incluiría el capítulo de participación ciudadana y las condiciones de un nuevo cese al fuego.

Pero llegaron los atentados terroristas contra la Policía, el 27 de enero. En solo 24 horas se produjeron tres sangrientos atentados. A las 6:30 de la mañana explotaron dos bombas camufladas en morrales, en las instalaciones de la estación de Policía de San José, en Barranquilla; los artefactos fueron ubicados estratégicamente para causar más daño. El resultado fue de cinco policías muertos y 42 heridos.

Horas después fue lanzado un explosivo contra el CAI del barrio Soledad 2000, de Barranquilla, que dejó heridos a cuatro policías y a tres civiles. Más tarde se produjo el ataque a la subestación de Policía del corregimiento de Buenavista, en Santa Rosa, sur de Bolívar, que dejó dos uniformados muertos.

Para los organismos de inteligencia del Estado era claro que los tentados habían sido realizados por el ELN, porque tienen el mismo modus operandi de los otros actos protagonizados por esta guerrilla: el 10 de febrero de 2016, en Cúcuta, una bomba estalló en un parque de la ciudad y dejó a 10 policías heridos. Y el 19 de febrero del año pasado estalló una bomba en una esquina del barrio La Macarena, en el centro de Bogotá, donde policías del ESMAD se preparaban para prestar servicio en la plaza de toros. El saldo trágico fue de un policía muerto y 24 heridos. Se aprovecha cuando los uniformados están en formación para activar la carga explosiva.

Ante los actos terroristas llegó el repudio nacional. En un comunicado el ELN justificó los ataques: “Mientras las dos partes no logremos acordar el nuevo cese, seguirán ocurriendo acciones militares de lado y lado, tal como está aconteciendo actualmente”.

¿Qué sigue ahora? El presidente Santos decidió hacer una pausa en las negociaciones pero, como estamos en campaña electoral, aparecen las voces que piden acabar definitivamente el proceso. Otro aspecto complicado es que el comando central del ELN ordenó “Trasladar el conflicto militar a los escenarios urbanos”. Y ya sabemos quiénes se benefician con los actos terroristas y con la guerra.

Fuente: eje21.com.co

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