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Bogotá ya espera al papa Francisco

La Avenida El Dorado de Bogotá está repleta de ciudadanos colombianos y extranjeros aguardando el paso de papamóvil. Desde monjitas comiendo hamburguesas hasta religiosos con sombrero vueltiao.

La más variopinta y feliz estela de ciudadanos y extranjeros esperan el paso del papa Francisco en su papamóvil este miércoles a lo largo de toda la Avenida El Dorado, en Bogotá, por dónde cruzará desde Catam hasta la Nunciatura, pasadas las 4:30 de la tarde, hora en que aterrizaría en suelo andino el obispo de Roma jesuita.

A la altura del Centro Administrativo Nacional, CAN, donde se levantan la mayoría de entidades públicas del nivel central del país, aguardan al sumo pontífice desde monjitas comiendo hamburguesas con gaseosas, como cualquier joven milenial, hasta orenses de Córdoba ataviados con sus sombreros vueltiaos o sinuanos, pasando por niños chupándose los dedos y policías fluorescentes resguardando la carretera.

El taxista Gabriel Rodríguez le dijo a EL HERALDO que se siente la ciudad “en modo papa”, sobre todo en una capital “tan estresada” como Bogotá: “la gente está distinta, como animada, como en modo espiritual”.

Asegura además el conductor de los amarillos, que son cronistas espontáneos e inéditos del día a día, que el tránsito y la medida del pico y placa de la Alcaldía durante todo el día fue “un acierto, porque no hay problemas para transitar”

 Y agregó que “la ciudad está más limpia, más señalizada, más bonita”.

Entre tanto, Jorge Mendoza, religioso de la Orden de los Carmelitas Descalzos, de Ciénaga de Oro, Córdoba, le contó a este diario: “vinimos con mucha alegría a esperar a nuestro papa Francisco. Toda Colombia lo espera con los brazos abiertos y le decimos que lo queremos”.

Piedad de Sánchez, cartagenera, acompañada de una nutrida familia ya radicada en Bogotá, en diálogo con este medio, manifestó que “lo más importante es revivir esa fe que tenemos los colombianos y que pareciera que estuviera guardada, pero todos estamos hoy en plan de decir que aquí estamos los católicos esperando al vicecristo”.

Del mismo modo, un centenar de ciudadanos de Panamá, vestidos con los colores del istmo, encabezados por Angela Francés, narran, en voz de la joven, que “el papa va a Panamá en 2019 pero no queremos desaprovechar la oportunidad de estar cerca de él y de escuchar lo que tiene para decirnos, ya que este es un país hermano y cercano”.

La frenética Avenida El Dorado, que recibe y despide diariamente a los viajeros hacia y desde Bogotá, ya no suena a motores y bocinas, insultos, relojes y celulares, sino a rosarios tintineando, oraciones, cánticos católicos y voceadores en venta de memorabilia del papa: estatuillas, gorras, sombrillas, llaveros, botellas de agua con la imagen del pontífice, banderines y globos.

Desde este punto de vista, aún sin haber llegado ni pronunciado sus palabras, Francisco ya trae, indudablemente, un poco de paz.

EL HERALDO