En la capital del Atlántico 484.510 ocupados son informales, representando una proporción de 54,8%. A nivel nacional es de 47,4%.

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística, Dane,presentó la medición de informalidad para el último trimestre móvil, junio-agosto. Con respecto a las cifras, Barranquilla mejora en cuanto a la formalidad de sus ocupados y se puede decir que se mantiene estable el número de informales en la ciudad.

Según el Dane la proporción de ocupados informales en Barranquilla disminuyó 50 puntos básicos. Para el respectivo trimestre se pasó de 55,3% en 2015 a 54,8% en 2016.

Es importante mencionar que en los últimos cinco años esta proporción de informalidad, que mide la relación entre el número de informales y la población ocupada,  ha venido disminuyendo. En 2011 la proporción de informales era de 58,1%.

A pesar de la disminución, Barranquilla se encuentra por encima de la media nacional, que fue de 47,4%. La ciudad con menor proporción de informalidad es Bogotá, donde cuatro de cada diez ocupados son informales, mientras que en Barranquilla la proporción está cercana a seis de cada diez.

Esta disminución ha sido producto del aumento del empleo formal, dado que en una menor proporción el número de informales también ha venido creciendo.

En la capital del Atlántico 484.510 ocupados son informales. Para el mismo periodo, hace cinco años, el número de informales era de 426.808 ocupados.  Un aumento de 57.702 personas, lo suficiente como para llenar el estadio Metropolitano.

La proporción de informalidad es la relación porcentual de la población ocupada informal y el número de personas que integran la población ocupada. Un aumento en la población ocupada formal impacta negativamente la proporción de informalidad; explicando la disminución sin que implique una necesaria disminución del número de informales.

El número de ocupados formales en Barranquilla pasó de 307.409 a 398.917 en cinco años. Un aumento de 91.508, lo suficiente para llenar al estadio Metropolitano unas dos veces.

Fuente:  El Heraldo