El secuestro por parte del Eln de la periodista Salud Hernández-Mora y de otros dos comunicadores en zona del Catatumbo, Norte de Santander, deja en un punto muy débil las negociaciones de paz entre esa guerrilla y el Gobierno colombiano.

En marzo pasado, cuando el país conoció el inicio de una etapa formal de diálogos con esa guerrilla, el presidente Juan Manuel Santos fue enfático al decir que la instalación de la mesa de negociaciones con el Eln solo iniciaría cuando se liberara a todos los secuestrados.

“La definición de esta agenda con el Eln abre el inicio de la fase pública de conversaciones, la cual comenzará en Ecuador tan pronto queden resueltos unos temas humanitarios, incluido el secuestro. Para el Gobierno no es aceptable avanzar en una conversación de paz con el Eln mientras mantenga personas secuestradas”, precisó Santos en ese momento.

Sin embargo, la guerrilla no ha respetado esa condición y ha secuestrado, desde el anuncio de la etapa exploratoria de los diálogos, a por lo menos siete personas, entre ellas a Hernández, al camarógrafo independiente Carlos Melo y al periodista de RCN Diego D’Pablos.

La misma guerrilla ha dicho que detener esta práctica no estaba contemplada dentro de las negociaciones, al menos en su fase pública. En una entrevista a un diario de España Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino, máximo jefe del Comando Central del Eln, insistió que “parar el secuestro no era viable”.

Según datos del Ministerio de Defensa, hasta finales de marzo otras nueve personas estaban en cautiverio, algunos de ellos desde hace años.

De acuerdo con información de la Fundación País Libre, las cifras de secuestros del Eln desde 1986 hasta el primer semestre de 2016 eran de 5.862, apenas 1.579 menos que las de las Farc, que llegan a los 7.441.

Si bien el secuestro de Salud Hernández-Mora no ha sido el único golpe del Eln en los últimos meses, sí es el más mediático y, por tanto, pone el foco en las negociaciones de paz que tendrán que acogerse a los mismos modelos de justicia y reparación que se acuerden con las Farc.

“Esto sin duda afecta negativamente al proceso porque mientras el Eln siga negando que ellos continúan con la actividad del secuestro, eso, indiscutiblemente, significa una ruptura que haría imposible un proceso de paz”, dijo a ELTIEMPO.COM Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de los Conflictos (Cerac).

Para el analista y profesor de la Universidad Externado de Colombia Francisco Barbosa, se puede hacer una “lectura positiva” de este episodio basados en el hecho de que la liberación fue rápida.

A pesar de que estos secuestros son una mala noticia para el proceso, la liberación rápida plantea, por lo menos, que hay algo de voluntad de parte del Eln. Este momento es un buen inicio para traducir la teoría en hechos de paz y eso implica que el Presidente y los negociadores podrían ponerse de acuerdo para que todos los secuestrados por esa guerrilla recobren su libertad. Es un punto de inicio”, afirmó.

Restrepo opina lo contrario y explica que ese escenario solo se daría si el Eln “entiende el repudio nacional que generaron estos secuestros”.

“Solamente si el Eln capitaliza, logra entender el rechazo que estas acciones generaron y renuncia al secuestro ese acuerdo será viable. Si no, no hay lugar a que ellos tengan algún espacio político”, sentencia.

El proceso adelantado con el Eln dio la esperanza de una paz global que dejará a Colombia sin guerrilla y sacara al país de más de medio siglo de conflicto. Que el Eln se sumara de este modo a las negociaciones que se adelantan con las Farc permitía un proceso más integral y daba una especie de cerrojo a todo lo que se negocia en La Habana.

Sin embargo, el proceso con la guerrilla de Gabino ha sido más lento porque la agenda es más difusa y menos concreta que la que se tiene con las Farc.Pero también porque el tema de los secuestros ha sido un punto neural para el Gobierno.

Tanto es así, que Santos, tras conocerse la noticia de la liberación de los tres periodistas, fue enfático y declaró: “No activaremos ninguna mesa de diálogos mientras el Eln no libere a todos los secuestrados y renuncie definitivamente a este crimen de lesa humanidad”.

Barbosa, más optimista con el proceso, afirma que este episodio podría aterrizar la agenda de los diálogos y determinar no solo el “arranque formal” de las negociaciones sino “cuáles son los puntos de no retorno”, por ejemplo, si se produce otros secuestros.

¿Se suben o no al “tren de la paz”?

Marisol Gómez, editora de paz del diario EL TIEMPO, va más allá y afirma que este es el momento para que la guerrilla del Eln tome decisiones.

“El secuestro de Salud Hernández pone una nueva presión sobre esta guerrilla para demostrar su voluntad de paz pues el rechazo generalizado del país al hecho, la obliga a tomar una decisión frente a los secuestrados que tienen en su poder y que se ha negado a liberar”, explica.

La tarea parece no ser sencilla a la luz de la única comunicación que se conoce de la guerrilla sobre este hecho. En el comunicado que le dieron a Salud Hernández, el Eln no habla nunca de secuestro.

“Aclaramos que la retención de la periodista solo obedece a acciones rutinarias para neutralizar la infiltración enemiga en la zona”, explica el comunicado del Frente de Guerra Nororiental de esa guerrilla, que como lo confirmó el jueves EL TIEMPO fue el responsable de su cautiverio.

Y agregaba: “”El Frente de Guerra Nororiental está en un plan de control territorial, producto de factores de violencia que se vienen dando en el Catatumbo, donde aparecen personas extrañas en la zona.”

Las posibilidades actuales de que el proceso de paz con el Eln avance, por ahora, se ven lejanas. Es claro que las aproximaciones entre las delegaciones estarán marcadas por este episodio y el Gobierno será aún más firme sobre este punto.

“El Eln ha destruido el poco capital político que tenía con estos secuestros y llega a este proceso con una condición tremendamente precaria”, dice María Victoria Llorente, directora de la organización Ideas para la Paz.

Llorente reafirma que independientemente de estos últimos secuestros, “el proceso ha tenido tropiezos desde un principio” por esta práctica.

La mesa no va a funcionar sino hay una declaratoria por parte de la guerrilla de que se va a parar esta forma de violencia y de que va a haber un desescalamiento. En el pasado se han hecho otros intentos de paz con el Eln y no se ha llegado a nada. Y la grande diferencia entre el proceso que se lleva con las Farc y este, es que las Farc ya tomaron la decisión de que la negociación va para adelante y que se va a firmar la paz”, explica Llorente.

Este secuestro, que sin duda es un retroceso en lo que se había podido adelantar con el Eln, pone a esa guerrilla en un punto de no retorno para decidir si se suben o no al “tren de la paz”, como lo llamó Santos.

CINDY A. MORALES
EL TIEMPO