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Artesanías recién salidas de la prisión se exponen desde hoy

Cada vez que Paulina* se abstenía de sus drogas, era capaz de tejer bolsos de un solo tirón. De aquellos hechos en piedras, que tardan en confeccionarse hasta dos y tres días. Antes jamás se habría sentado a hilar e incrustar, dice ella, y mucho menos en una sola noche o hasta la madrugada. Pero todo ha sido–confiesa– para “matar la ansiedad” y vender en la feria.

Se refiere a uno de los eventos que más han esperado ella y sus compañeras, la III Feria de Artesanías de la cárcel Buen Pastor, que se celebrará entre hoy y mañana en el parqueadero del centro de rehabilitación, ubicado en el barrio Chiquinquirá, localidad suroccidente de Barranquilla.

Allí, las reclusas con comportamiento ejemplar de la única prisión femenina del Atlántico tendrán un espacio para comercializar los productos elaborados por ellas mismas, como resultado de los cursos y aprendizajes obtenidos desde las rejas.

De acuerdo con la directora del Buen Pastor, Ofelia Díaz, las internas han recibido durante este año capacitaciones en bisutería, marroquinería, modistería, cocina básica, coctelería, e incluso contabilidad. Además, destaca Díaz, algunas se ellas han conseguido validad sus estudios de primaria y bachillerato gracias al convenio con el colegio Jorge Nicolás Abello.

“Todos estos nuevos conocimientos se verán en la feria, que es una actividad de vital importancia en el proceso de resocialización de las internas. Además de ser una oportunidad para mostrar sus talentos y habilidades, ellas podrán generar ingresos y ayudar a sus familias”, resalta la directora.

La feria explica que por estos días las habitaciones de los pabellones estén colmados de muñecos navideños, collares de Carnaval, mochilas tejidas a mano, pañaleras, bolsos en piedras, llaveros y demás manualidades.

En medio de todo ese color, Paulina, condenada a 18 meses por delito de violencia doméstica, enseña uno de los cojines con motivo de Junior que espera vender, al tiempo que intenta esconder algunas cicatrices de cortadas en sus brazos. No lo logra. Por eso, confiesa lo arrepentida que está de hacerse daño. A ella y a los demás.

“Menos mal ha encontrado algo bueno que hacer, en lo que es muy buena y rápida”, la elogia una de las internas, quien recuerda en qué estado la encontró cuando llegó. Deprimida y llorando hasta la madrugada, hora en la que por estos días se dedica a tejer.

ELHERALDO

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